La Clínica es Nuestra no deposita dinero en la cuenta de una persona, sino que asigna un presupuesto colectivo a cada unidad médica para que la propia comunidad decida, en asamblea, en qué obras y equipo se invierte.
A diferencia de un bono que se deposita en una tarjeta personal, aquí el recurso no llega a manos de un solo beneficiario, sino que se administra de forma colectiva a través de un comité elegido por la propia comunidad usuaria de la clínica, por lo que ninguna persona puede solicitarlo ni recibirlo de manera individual. Este mecanismo lo aleja por completo de la lógica de un apoyo económico convencional, en la que existe una persona solicitante, un trámite personal y un depósito directo; aquí el proceso de decisión pasa primero por un ejercicio colectivo antes de que un solo peso se destine a cualquier obra o equipo.
En qué se invierte el presupuesto
El presupuesto asignado a cada unidad médica no se destina a un solo tipo de gasto, sino que se reparte entre obras de infraestructura y adquisición de equipo, ambos elegidos según las necesidades particulares de cada clínica. Esta doble naturaleza del gasto es justamente lo que distingue a este programa de otros esquemas de inversión pública en salud, donde el presupuesto suele destinarse exclusivamente a un solo rubro, ya sea construcción o compra de insumos, sin dejar margen para combinar ambos según lo que cada unidad necesite.
- Ampliación y mejora de espacios como consultorios, farmacias y laboratorios
- Sillas de ruedas, camas de exploración, camillas y básculas
- Autoclaves para esterilización y concentradores de oxígeno
- Equipos de diagnóstico como electrocardiógrafos, baumanómetros, oxímetros y glucómetros
- Refrigeradores para medicamentos y vacunas, además de equipo dental
Este catálogo no es idéntico para todas las unidades médicas, ya que cada comité selecciona las obras y los equipos que mejor responden a las carencias detectadas en su propia clínica, dentro de un listado de acciones autorizadas previamente por la institución. Esa selección explica por qué dos unidades con presupuestos similares pueden terminar invirtiendo en cosas completamente distintas, una en ampliar su farmacia y otra en renovar su equipo de diagnóstico. La lógica detrás de esta libertad de elección es que nadie conoce mejor las carencias de una clínica que las personas que la usan a diario, ya sea como pacientes o como parte del personal que ahí labora, por lo que dejar la decisión en manos del comité busca que el presupuesto se traduzca en mejoras realmente sentidas por la comunidad y no en obras decididas desde una oficina central sin conocimiento directo de cada unidad.
Cómo participa la comunidad
Participar en este programa no depende de cumplir requisitos individuales de ingreso o edad, sino de formar parte de la comunidad derechohabiente adscrita a la unidad médica correspondiente.
El papel de la derechohabiencia aquí no es solicitar un beneficio, sino participar activamente en la decisión sobre cómo se invierte el presupuesto de su propia clínica, lo que convierte a este programa en un ejercicio de gestión comunitaria más que en un trámite administrativo individual. Quien desee involucrarse debe estar atento a la convocatoria de asamblea de su unidad médica, ya que es en ese espacio donde se define tanto la integración del comité como las prioridades de inversión para el periodo correspondiente. No existe un formulario que llenar ni una solicitud personal que presentar; la manera de participar es asistiendo a la asamblea y, si así lo decide la comunidad, formando parte del comité que administrará los recursos durante ese periodo.
De la asamblea a la clínica renovada
El recorrido de este programa comienza mucho antes de que llegue cualquier obra o equipo nuevo a la clínica, y depende en gran medida de la participación activa de la comunidad usuaria. A diferencia de un trámite personal que termina en cuanto se entrega un documento, aquí el proceso completo requiere del acompañamiento continuo de la comunidad desde la primera convocatoria hasta la ejecución final de las obras.
Paso 1 · Convocatoria a la asamblea comunitaria de la unidad médica correspondiente.
Paso 2 · Elección de las personas integrantes del comité de salud y bienestar entre la propia derechohabiencia.
Paso 3 · Revisión del catálogo institucional de acciones y equipos disponibles para definir prioridades.
Paso 4 · Asignación formal del presupuesto correspondiente a la unidad médica.
Paso 5 · Ejecución de las obras de mejoramiento y adquisición del equipo seleccionado por el comité.
Una vez concluida esta primera asignación, el comité suele rendir cuentas a la propia comunidad sobre el destino de los recursos ejercidos, ya que la transparencia en el uso del presupuesto es parte central de la lógica comunitaria que sostiene al programa. Este esquema puede repetirse en periodos posteriores si la unidad médica continúa dentro de la estrategia, lo que permite que las mejoras se acumulen clínica por clínica a lo largo de distintas asignaciones sucesivas. La continuidad del programa depende en buena medida de que las comunidades sigan participando activamente en cada nueva convocatoria de asamblea, ya que un comité renovado con baja asistencia corre el riesgo de tomar decisiones que no reflejen del todo las prioridades reales de quienes utilizan la clínica todos los días.





